lunes, 23 de mayo de 2011

El mar, el mar y tú, plural espejo...


El mar, el mar y tú, plural espejo, 
el mar de torso perezoso y lento 
nadando por el mar, del mar sediento: 
el mar que muere y nace en un reflejo.
El mar y tú, su mar, el mar espejo: 
roca que escala el mar con paso lento, 
pilar de sal que abate el mar sediento, 
sed y vaivén y apenas un reflejo.
De la suma de instantes en que creces, 
del círculo de imágenes del año, 
retengo un mes de espumas y de peces,
y bajo cielos líquidos de estaño 
tu cuerpo que en la luz abre bahías 
al oscuro oleaje de los días.


Octavio Paz

jueves, 19 de mayo de 2011

Pasa y olvida


Peregrino que vas buscando en vano
un camino mejor que tu camino,
¿cómo quieres que yo te dé la mano,
si mi signo es tu signo, Peregrino?
No llegarás jamás a tu destino;
llevas la muerte en ti como el gusano
que te roe lo que tienes de humano...
¡lo que tienes de humano y de divino!
Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante!
Todavía te queda muy distante
ese país incógnito que sueñas...
Y soñar es un mal. Pasa y olvida,
pues si te empeñas en soñar, te empeñas
en aventar la llama de tu vida.


Rubén Darío

Para mi corazón basta tu pecho...

Para mi corazón basta tu pecho, 
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

Pablo Neruda

miércoles, 18 de mayo de 2011

Entre irse y quedarse

Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.
La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.
Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.
Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.
Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.
La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.
En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.

Octavio Paz

sábado, 14 de mayo de 2011

Relámpago en reposo

Tendida, 
piedra hecha de mediodía, 
ojos entrecerrados donde el blanco azulea, 
entornada sonrisa. 
Te incorporas a medias y sacudes tu melena de león. 
Luego te tiendes, 
delgada estría de lava en la roca, 
rayo dormido. 
Mientras duermes te acaricio y te pulo, 
hacha esbelta, 
flecha con que incendio la noche. 


El mar combate allá lejos con espadas y plumas.


Octavio Paz

viernes, 13 de mayo de 2011

Hilos de vida

Como falsos ahorcados en el aire
sus cuerpos vacilantes y vacíos,
desnudos de nosotros, brazos, piernas,
cinturas, pechos, cuellos, suspendidos.
Pasa la luz de enero entre los blancos
fantasmas con su frío.
Deshabitadas formas desvividas,
huecos humanos ateridos.
esa silueta con que juega el viento,
ese perfil he sido.
Tus manos compañeras lo han salvado
con su dolor de qué tristes residuos.
En el aire tal vez me reconozco,
un poco soy bandera al viento herido.
Jirón que se estremece mudamente,
por un cristal me miro.
y no sé si es la ropa o es la vida
la que pende de un hilo.


Leopoldo de Luis

…que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo

…que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo, 
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos 
para que nunca recemos 
como el sacristán los rezos, 
ni como el cómico viejo 
digamos siempre los versos. 
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos, 
decía el príncipe Hamlet, viendo 
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo 
un sepulturero. 
No sabiendo los oficios los haremos con respeto. 
Para enterrar a los muertos 
como debemos 
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero. 
Un día todos sabemos 
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo 
la hizo Sancho el escudero 
y el villano Pedro Crespo. 
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo. 
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, 
ligero, siempre ligero. 
Sensibles a todo viento 
y bajo todos los cielos, 
poetas, nunca cantemos 
la vida de un mismo pueblo 
ni la flor de un solo huerto. 
Que sean todos los pueblos 
y todos los huertos nuestros.


León Felipe

domingo, 17 de abril de 2011

Apuntes para una antología



Cuando, hace unos días, Alfonso Parra me llamó para decirme que presentaba en el Ayuntamiento de Villarrobledo el libro con la Antología de sus versos (1960 –2010), lo primero que pensé fue: ¡Gran noticia! (porque la publicación de un libro es siempre una celebración, y, si es de poesía más)
Después me dijo: ¿Que te parece si lo presentas tú? Naturalmente dije que si (es un privilegio), pero luego pensé: ¡Valla el maestro me ha puesto deberes, habrá que hincar los codos!
A ello me puse, y tras mucho discernir, me di cuenta de que la tarea, complicada de por sí, estaba saliendo sola:
Trabajar sobre el disfrute no es trabajar.
Además, no soy yo el adecuado para hacer la disección anatómico-lingüística, cual académico de sillón, aunque sea con tipografía minúscula; ni el arquitecto que debe encontrar la “clave de cúpula” de la obra catedralicia de Alfonso Parra.
(Tómese lo de catedralicio en la acepción que se quiera)
No.
Entiendo, quiero entender la obra de Alfonso Parra desde el placer, desde el desgarro, desde lo profano –que no profanador-, desde el otro y su otredad, desde el amigo (si me lo permites…), desde el simple lector que se emociona con el verso cuando este es incandescente.
Y cito de Las piedras en la espada (2009):
“Un verso es un quebranto, un ritmo y un vaivén desencontrado,
un trallazo de nada puesto a sobrevivir en la esquina del miedo…”
y continua
“Tampoco poesía eres tú ni el vacío de tu sombra larga, ni la palabra “Dios”, ni el orgasmo que te sabes.
Aunque es posible que, con algo de todo este material; la fragua y el yunque, hagan un poema incandescente…”
Condensar, seleccionar, elegir, descartar lo escrito durante 50 años para que “se nazca” en un solo libro es una ardua tarea de la que me gustaría llamar la atención, de forma especial, sobre la obra más reciente en ella recogida.
En primer lugar por destacar la enorme dificultad que supone el reanudar la tarea creadora tras 10 años de un silencio paciente, y después por ese “punto y seguido” al que nos remite su lectura.
Si la poética de Alfonso Parra siempre se ha carazterizado por su intensidad vital y creadora, este “retomar”, sugiere una serenidad de pensamiento, un “brindar por estar vivos”, una aceptación sublimada del presente, que sin renunciar a su identidad, explora otros recovecos íntimos, del deseo, de la existencia.
Hay un “reposamiento”, un mirar a su tierra y su paisaje de piedras y mieses, de águilas y cielos, de batallas ganadas y perdidas…
Porque, como dijo Ángel González:
“Donde pongo la vida pongo el fuego de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde pongo la fe, me pongo en juego…”
O, como dijo Blas de Otero:
“Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos...”
En la, por así decirlo, etapa anterior, en El corte transversal (1992-97) Alfonso nos decía:
“La poesía nace cuando el rescoldo herido ha anunciado su muerte: avanza hacia atrás limpiando, confusa, la desaparición … que no soporta”
Ahora, en El canto y los dientes (2009)”
“No es posible que quepa en la duración lo que sólo se vive sin más.
la repetición no es propia de la vida;
y lo que no se repite, no dura para siempre y si dura es porque está permanentemente muerto…”
No se puede vivir sin más, hay que:
Afrontar el otoño como si fuera primavera.
Desmontar las canterías para saber sus junturas.
Tender al sol las sábanas de nuestro interior.
Aderezar versos con las especias de lo vivido.
Ser soldado o guerrero o centinela y no morir por ello.
Cernirse alto, con las poderosas garras preparadas para atrapar el ser…
Esto es lo que yo encuentro en la poética de Alfonso Parra.
Sobre la persona que puedo decir sino utilizar las palabras que, sin duda, ya conoces:
He compartido muchas noches, y días.
He aprendido muchas cosas.
He descubierto la pintura como destrozo.
He descubierto la poesía como ejercicio de la inteligencia.
He entendido que el arte es “para nada”.
He visto el sufrimiento existencial.
He asumido la exigencia en la creación.
He asistido al espectáculo del conocimiento.
He sido testigo de la memoria enciclopédica.
He visto la blancura devastadora del lienzo.
He sido más yo gracias a ti: Alfonso Parra
Que sirva esto como corolario y antesala de lo importante: los próximos 50 años de poesía de Alfonso Parra.

Fernando Arocena
Villarrobledo 15 de abril de 2011















   
Pedro Antonio Ruiz Santos, Alcalde de Villarrobledo y presidente de la Diputación de Albacete, Alfonso Parra y Fernando Arocena. (De iz. a dcha.)


Maria Parra Peñafiel.
Alfonso Parra.